martes, 13 de octubre de 2009

Mi confrontación con la docencia

Cuando decidí estudiar la Licenciatura en Informática, profesión que hasta la fecha ejerzo con entusiasmo, lo hice porque estaba convencida de que era lo que yo realmente deseaba, y no había en aquel entonces, otra carrera que atrajera grandemente mi atención. Después de recibirme, inmediatamente me integré al área laboral haciendo lo que bien aprendí.
Tiempo después, supe de algunos compañeros de generación que tuve en el Tecnológico que estudiaban la Normal Superior ya que tenían la oportunidad para trabajar como docentes dentro del sistema educativo y me preguntaba, ¿si querían ser maestros, porque no ingresaron a la Normal Superior después de la preparatoria en lugar de gastar cuatro años en una carrera que ni siquiera van a ejercer? No los entendía, pero al paso de los años la vida me dio la respuesta.
En el 2002, como resultado de buscar mejores oportunidades de crecimiento profesional y personal, ingresé al Centro Estatal de Tecnología Educativa. Fui adscrita a una secundaria y ahí se dio mi primera experiencia como docente, ya que dentro de mis funciones estaban la capacitación en el manejo de las tecnologías de la información y comunicación a los alumnos, docentes, administrativos y directivos de la institución. Realmente esa práctica no me causó conflicto alguno, porque lo hacía de manera eventual y unilateral.
En el 2004, con apenas dos años de experiencia docente, sin preverlo y no desaprovechando las oportunidades que las circunstancias me brindaron, me incorporé al Conalep para impartir las materias de la especialidad de informática. Por ese lado, no veía problema porque dominaba los contenidos temáticos, pero ahí fue donde descubrí que ser maestro no era una tarea fácil, como así lo percibía; que no bastaban mis conocimientos en el área y que enseñar es todo un arte. Sin embargo, no fue motivo de desagrado sino todo lo contrario, me cautivó ser maestra y lo quería hacer lo mejor posible en pro de los educandos. Fue entonces, que reconocí que tenía debilidades y que trabajar con adolescentes, que viven una etapa de cambio, representa realmente una dificultad, ya que durante ese período los jóvenes sufren constantes desajustes emocionales los que repercuten en su aprovechamiento escolar.
Por tal razón, tomé la acertada decisión para adquirir las bases pedagógicas que facilitaran mi labor educativa, incorporándome a la Normal Superior en la especialidad de español por ser la asignatura que siempre ha sido de mi agrado desde mi trayectoria estudiantil y que a la vez me ayudara a fortalecer mis propias debilidades comunicativas.
Acepté el reto de trabajar, estudiar y actualizarme a la vez, aunque ello conlleve a un gran esfuerzo y a la reducción de tiempo para mi vida personal y familiar, pero estoy plenamente convencida de que vale la pena.
Ser docente de educación media superior me colma de muchas satisfacciones, como las expresiones positivas de los alumnos hacia mi persona o mi desempeño, incrementando mi estima y el deseo de ser mejor cada día. Pero la más grande satisfacción que percibo, es el saber que estoy contribuyendo en la formación de los jóvenes para que sean importantes pilares que sostengan la sociedad del mañana.

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